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jueves, 22 de septiembre de 2016

Más vale malo conocido que bueno por conocer


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Relacionado, sin duda, con el que ya analizamos "Del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me libro yo", nos hallamos de nuevo ante un aviso de prudencia: el camino de la experiencia es duro y mientras avanzamos por él no debe despreciarse ni dejarse de lado nada de lo que hayamos aprendido.

Os relato como ejemplo una experiencia personal acaecida en un largo viaje en coche de Almería a Madrid, que duraba entonces de 7 a 8 horas.  Por evitar Despeñaperros (hace unos 20 años era un camino difícil por ser paso de montaña y encontrarse con muchos camiones a los que había que seguir largos tramos a una lentísima velocidad ante la imposibilidad de adelantarles) tomábamos la carretera que pasaba por Murcia.
 Pues bien, conducía mi cuñado y le hablaron de un "atajo" sencillo para evitar el pasar por la ciudad... No sólo no ahorramos tiempo, sino que ese camino supuso casi dos horas perdidos de madrugada por la sierra hasta que reencontramos la Nacional.

Creo que el ejemplo es contundente y rotundo a favor del contenido del refrán de hoy. ¿No os parece?

Ejercicio propuesto: Diálogo en clase o redacción y posterior debate sobre ejemplos que afirmen o contradigan este dicho.

martes, 13 de septiembre de 2016

13 y martes

"En 13 y martes, ni te cases ni te embarques"

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Y continúa: "... ni de tu casa te apartes".
¿Por qué esa fobia en especial a este día de la semana en el que, por otra parte, sabemos que la vida transcurre normalmente, con sus momentos buenos y malos, como en lo demás días?
Buscando documentación, la tesis general es que el "mal fario" viene ya desde su origen , es decir, de la decisión de los romanos de dar a ese día el nombre del dios de la guerra, Marte. Por lo cual, si al dios le da por hacer de las suyas, no es el día más propicio para iniciar actividades que precisen de pericia y suerte para ser mantenidas 'a flote' (como son el matrimonio y el viaje en barco).
Para confirmar ese temor, la historia constata que se produjo en martes la confusión de lenguas en la Torre de Babel y la caída de Constantinopla . Si tenemos en cuenta que hay 52 semanas y pico en el año, tenemos de 52 a 53 martes. Sin remedio tiene que haber constancia de hechos buenos y malos a lo largo de la Historia, -yo misma aprobé un temido examen oral de Historia en la facultad- y el que en unos países sea el martes y en otros el viernes, convirtiéndolos en fatídicos si además se les une el número 13, entra en el terreno de la superstición, en el que, como en el de la fe, cualquier intento de demostración quedará condenado al fracaso.
Veamos ahora, entonces, el temor al número 13, que fue considerado "benéfico" por los romanos (era el preferido de Julio César, ya que la legión (1) decimotercera fue la que le llevó a grandes victorias por todo su imperio).
Pues bien, encontramos en la tradición hebrea (Biblia, Antiguo Testamento) que los espíritus maléficos son 13, que es este capítulo del Apocalipsis el que habla de la Bestia y el anticristo y, por si no fuera suficiente, en la famosa Santa Cena (inicio de la pasión y muerte) fueron trece.
Así que ¿para qué queremos más? Si se junta el dios de la guerra con el temido 13... ¡Cuidado!
Pero es curioso que en civilizaciones como la anglosajona no sea el martes, sino el viernes 13, el día a temer. Bien, pues también tiene el mismo origen, solo que no estando tan influenciados por la cultura romana, consideraron al viernes (día de la crucifixión) como más apropiado para darle la mala fama.
Y como para darles la razón, fue el viernes 13 de octubre de 1307 cuando comenzó la persecución que acabaría con la Orden del Temple, pero también, y debido a la maldición que desde la hoguera pronunciara el último maestre Jaques de Molay, fueron desapareciendo los instigadores de dicha persecución, así como la dinastía completa de los Capetians (Felipe el hermoso) de la que no quedó heredero alguno.
Como hemos mencionado, han sido muchos los martes y viernes 13 a lo largo de la Historia y los hay buenos y malos... pero como parece que es más fácil recordar esto último, y "por si acaso" más vale no tentar a la suerte en un día como éste.
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Ejercicios propuestos:
Sirva este refrán (buscando, como siempre, su aplicación al terreno de las asignaturas de Lengua y Literatura españolas), para hablar de la enumeración y de las frases coordinadas distributivas, así como del uso del "ni" como conjunción negativa:

No bebas agua que no veas ni firmes carta que no leas... Lo prestado, ni agradecido, ni pagado; etc.

martes, 6 de septiembre de 2016

"Mantenerse (seguir) en sus trece"


Como suele suceder a menudo son varias las interpretaciones que especulan sobre el origen de esta expresión que se refiere a la persona obstinada o fiel a sus convencimientos, que los mantiene frente a todos y a pesar de todo.

Entre ellas, la más aceptada por los eruditos es la siguiente:

Nacido como Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor en 1328 en la provincia de Zaragoza, Benedicto XIII es poco más conocido por su apodo: Papa Luna.

¿Dónde estaba entonces el Espíritu Santo y la infalibilidad de un Papa como representante de Jesús, Dios, en la tierra? Nos cuenta la Historia que en su época coincidieron ¡hasta tres Papas!.

Haciendo honor a la fama que la cabezonería maña * tiene, la cuestión es que Benedicto XIII se negaba a renunciar a su cargo eclesiástico, a pesar de lo acordado en el Concilio de Constanza.
Finalmente se retiró en el Castillo de Peñíscola, donde moriría en 1423 , manteniendo allí un pequeño grupo de apoyo y donde siguió llamándose a sí mismo Papa Benedicto XIII.
Y por esta cabezonería y por ser el XIII el guarismo asociado a su nombre papal, es por lo que tenemos hoy en nuestro lenguaje la expresión “seguir en sus trece”, que lejos de ser un menosprecio, a menudo refleja la valentía de quien es capaz de defender lo que cree justo.
Como curiosidad, y dado que la Iglesia nunca reconoció a los Papas cismáticos como tales, el "auténtico" Benedicto XIII no ocupó la sede romana hasta más de tres siglos después (1724-1730).

Curiosa resulta también la interpretación que hallamos, atribuida a José María Iribarren, quien cita como ejemplo un pasaje de Moreto en su obra Antíoco y Seleuco, que parece confirmar el origen en un juego. En la escena se describe un lance de amor empleando los términos de un juego de naipes:
Viote el Príncipe primero,
y amor diciendo: “Aquí encaje
bien el juego”, una baraja
plantó, como un garitero.
Fue el juego a quince envidado,
donde es cierta la maldad,
pues siendo el punto la edad,
tú le llevabas ganado.
Diote a tí un quince preciso,
que es el punto que reviste;

  tú, que con quince te viste,
le envidaste, y él te quiso.
Tenía, según parece,
trece el Príncipe, y no osó
pedir más, con que perdió,
pero se quedó en sus trece;
y aunque más perdiera, es llano
que allí perdiera un sinfín;
pues con la flor del jazmín
le ganaras por la mano.
 

* maño.- Término coloquial para denominar a la persona nacida en la región española de Aragón.
Y ya que estamos en ello, ejercicio propuesto: ¿cómo son los gentilicios de las distintas poblaciones españolas?

lunes, 29 de agosto de 2016

Madre no hay más que una...


... y a ti te encontré en la calle", continúa algunas veces.

Y es que, aunque nos dice otro refrán "madre es la que cría, no la que pare", el hecho biológico indiscutible es que sólo una nos ha dado a luz, y esa una es nuestra madre.

Dice nuestro cancionero popular, tan cierto como injusto a veces:
"Los hijos de mi hija, mis nietos son; los de mi hijo, serán o no."

Y si bien es cierto que este dicho que comentamos se circunscribe al mundo de los afectos, al de los cuidados y el desprendimiento que sólo una madre muestra hacia sus hijos, no lo es menos el que la continuación del mismo (y a ti te encontré en la calle) implica el grado de confianza que se puede tener hacia otra persona, aprecio que siempre saldrá perdiendo en dicha comparación.
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Muchas y variadas referencias hay en la literatura sobre la figura materna. Destacaré aquí una novela esencial: "La madre", de Máximo Gorki; pero no quiero dejar de señalar esta canción, que siempre me pone los pelos de punta: "Qué te puedo dar", de Víctor Manuel, acerca del tremendo daño que hacen las drogas.
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 Ejercicio propuesto:
Ya que hallamos aquí una: "más que..."  juguemos con los distintos tipos de comparaciones que se pueden dar en castellano.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Machacantes del ala

  "Machacantes del ala"
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Ya he comentado en otras ocasiones que mis hijos, sobre todo el menor -muy "enganchado" también a este tema de las expresiones populares- , me proveen de expresiones que han leído o escuchado recientemente para que les dé la interpretación, si la conozco.

Naturalmente la que esto escribe no es una enciclopedia, pero la curiosidad, las ganas de saber, es la base del conocimiento y en seguida me pongo a indagar para compartirlo aquí.

En cuanto me comentó la expresión, me reí, porque su origen es tan creativo como gracioso y creía que ya apenas se utilizaba. Así que... vamos allá.

Para su explicación, primeramente tenemos que dividir la frase en dos: "machacantes" y "del ala".

Machacantes: Se diría en primer lugar que viene de "machacar", reducir a polvo, y se podría deducir que -al igual que llamamos burlonamente "la dolorosa" a la cuenta que hay que abonar tras un servicio-  se referiría humorísticamente al suplicio que supone desprenderse de ese dinero... Pero aunque pueda ser cierto que a veces "machacan", "te hacen polvo" cuando te dicen lo que hay que pagar, lo cierto es que un machacante, según la definición de la RAE, es:
1. m. Soldado destinado al servicio de un superior. 
 2. m. coloq. Moneda de plata de cinco pesetas.

Así que, como veis, ya vamos entrando en situación:
Se trata de dinero, monedas que a principios del siglo XX podían llevarse en el bolsillo, pero con un valor alto. Quizás podría ser equivalente a los 50 euros de ahora.

¿Y "del ala"? 

Aquí, una vez más, la imaginación creativa popular hace burlonamente de las suyas... y es que la cartera se suele (se solía) llevar en un bolsillo interior de la chaqueta, por lo que hay que levantar el brazo para dejar al descubierto dicho bolsillo y poder extraer la cartera con la otra mano.
Es decir, el brazo adopta la misma posición que un ala.
Curioso, ¿verdad?

miércoles, 3 de agosto de 2016

La mancha de mora, con otra verde se quita.



o, "Lo que tiñe la mora, otra verde la decolora"

De nuevo un refrán que va "más allá" de lo que dice, pues aparentemente y ciñéndonos a su contenido parece ser una receta de quitamanchas... y quien lo haya probado sabe que no limpia,  simplemente se sustituye una mancha con otra.

 La mora, fruto del moral, de la familia de la frambuesa y la fresa, tiene un aspecto bulboso y granulado de color rojo fuerte, morado, casi negro, cuando está madura.

 Crece en setos espinosos y es muy fácil encontrarla silvestre en zonas húmedas como ríos y lagos. Todos conocemos, creo, su sabor algo ácido, por lo que se emplea en licores, mermeladas y tartas.

Visto esto, alrededor del contexto literal de nuestro refrán de hoy, nos trasladamos al sentido figurado para encontrar su verdadero significado:

Cuando algo va mal, siempre se puede volver a empezar o, dicho de otro modo, cuando se pierde una ilusión, hay que buscar una nueva (verde).

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Ejercicio propuesto:  Buscar una lista de plantas que, como la mora, sean utilizadas para repostería y licores (endrina, tojo, etc).

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lunes, 25 de julio de 2016

Lo cortés no quita lo valiente



Cortés
, (atento, comedido, afable, urbano, según definición de la RAE) viene de "corte", que en su segunda acepción se refiere al lugar donde tiene su residencia el soberano y al conjunto de todas las personas que componen la familia y el acompañamiento habitual del rey.
Hubo un tiempo en que los modales refinados y las normas de cortesía creaban un prototipo de hombre afeminado, aparentemente poco preparado para combatir.
La frase, utilizada por Góngora en el romance que copio a continuación, tiene, pues, el sentido de que un cortesano (hombre de corte con exquisitos modales) puede muy bien ser un hombre valiente cuando el caso lo requiere.
En la sociedad actual, se emplea para decir la verdad o denunciar algo aunque duela, es decir, aun rompiendo las normas de cortesía.

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El romance que os decía, de Góngora, es de los llamados
"moriscos o de frontera", por referirse a tiempos de la Reconquista y al enfrentamiento entre moros y cristianos. Se llama "Entre los sueltos caballos".

Entre los sueltos caballos
De los vencidos Cenetes (1),
Que por el campo buscaban
Entre la sangre lo verde,

Aquel español de Orán
Un suelto caballo prende,
Por sus relinchos lozano,
Y por sus cernejas(2) fuerte,

Para que le lleve a él,
Y a un moro cautivo lleve,
Un moro que ha cautivado,
Capitán de cien jinetes.

En el ligero caballo
Suben ambos, y él parece,
De cuatro espuelas herido,
Que cuatro alas le mueven.

Triste camina el alarbe(3),
Y lo más bajo que puede
Ardientes suspiros lanza
Y amargas lágrimas vierte.

Admirado el español
De ver cada vez que vuelve
Que tan tiernamente llore
Quien tan duramente hiere,

Con razones le pregunta,
Comedidas y corteses,
De sus suspiros la causa,
Si la causa lo consiente.

El cautivo, como tal,
Sin excusas le obedece,
Y a su piadosa demanda
Satisface desta suerte:

«Valiente eres, capitán,
Y
cortés como valiente:
Por tu espada y por tu trato
Me has cautivado dos veces.

Preguntado me has la causa
De mis suspiros ardientes,
Y débote la respuesta
Por quien soy y por quien eres.

En los Gelves nací, el año
Que os perdisteis en los Gelves,
De una berberisca noble
Y de un turco matasiete.

En Tremecén me crié
Con mi madre y mis parientes
Después que perdí a mi padre,
Corsario de tres bajeles(4).

Junto a mi casa vivía,
Porque más cerca muriese,
Una dama del linaje
De los nobles Melioneses,

Extremo de las hermosas,
Cuando no de las crueles,
Hija al fin de estas arenas,
Engendradoras de sierpes (5).

Cada vez que la miraba
Salía un sol por su frente,
De tantos rayos ceñido
Cuantos cabellos contiene.

Juntos así nos criamos,
Y Amor en nuestras niñeces
Hirió nuestros corazones
Con arpones diferentes.

Labró el oro en mis entrañas
Dulces lazos, tiernas redes,
Mientras el plomo en las suyas
Libertades y desdenes.

Apenas vide trocada (6)
La dureza de esta sierpe,
Cuando tú me cautivaste:
¡Mira si es bien que lamente!»

«Esta es la causa, español,
Que a llanto pudo moverme;
Mira si es razón que llore
Tantos males juntamente.»

Conmovido el capitán
De las lágrimas que vierte,
Parando el veloz caballo,
Parar sus males promete.

«Gallardo moro, le dice,
Si adoras como refieres,
Y si como dices amas,
Dichosamente padeces.

¿Quién pudiera imaginar,
Viendo tus golpes crueles,
Cupiera un alma tan tierna
En pecho tan duro y fuerte?

Si eres del Amor cautivo,
Desde aquí puedes volverte,
Que me pedirán por voto
Lo que entendí que era suerte.

Y no quiero por rescate
Que tu dama me presente
Ni las alfombras más finas
Ni las granas más alegres.

Anda con Dios, sufre y ama,
Y vivirás, si lo hicieres,
Con tal que cuando la veas
Hayas de volver a verme.»

Apeóse del caballo,
Y el moro tras él desciende,
Y por el suelo postrado
La boca a sus pies ofrece.

«Vivas mil años, le dice,
Noble capitán valiente,
Pues ganas más con librarme
Que ganaste con prenderme.

Alah se quede contigo,
Y te dé victoria siempre
Para que extiendas tu fama
Con hechos tan excelentes».
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(1) Individuo de la tribu berberisca de Zeneta, una de las más antiguas y principales del África septentrional.
(2) Mechón de pelo que tienen las caballerías detrás del menudillo, de longitud, espesor y finura diferentes según las razas.
(3) Árabe.
(4) Corsario era un guerrero del mar, confundido con pirata. La diferencia está en que el corsario con su buque (bajel) trabajaba para una nación mientras que el pirata iba "por libre".
(5) Culebras de gran tamaño. Personas crueles.
(6) De trueque, trocar= Cambiada.
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Ejercicio propuesto: cortés-cortesía; pleitesía, ética, protocolo... Distintas formas de regular el comportamiento social.