miércoles, 19 de agosto de 2015

Como alma en pena


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                  Aunque hayan corrido, y correrán probablemente, ríos de tinta sobre el tema, difícilmente se puede demostrar la existencia de una vida ultraterrena: nadie ha regresado de la muerte para contarlo.



Aun así, y si respetamos el adagio "Cuando el río suena, agua lleva", aparentemente debemos creer en la existencia de espíritus, trasgos, poltergeists, lloronas, la estantigua castellana, la Santa Compaña gallega, las ánimas... Todas ellas, en fin, almas en pena condenadas a vagar tras su muerte hasta recibir digna sepultura, unas; tras ser vengadas, otras; o, a veces, por toda la eternidad, o hasta cumplir una misión pendiente.

Muchas pueden ser las causas, muchas sus manifestaciones. Unas juguetonas, como los poltergeists, otras en busca de venganza, terroríficas todas.

Sea como sea, siempre les es común la tristeza, la desesperación; por lo que el desafortunado al que se aplica este vagar como alma en pena es siempre una persona triste, digna de lástima, a quien la suerte ha vuelto la espalda y difícilmente encuentra salida a su situación.

"Más vale refrán en mano... (De abuelos a nietos)"  http://blog.mariannavarro.net/refranes/de.abuelos.a.nietos.html

Muchas son las muestras literarias, cinematográficas y artísticas que han desarrollado el tema. Sin embargo, quiero destacar hoy la maestría de Gustavo Adolfo Bécquer y señalar entre todas, no por su mayor maestría, sino por el tema que nos ocupa, la de "El monte de las ánimas" que podéis leer en ciudadseva.com, de las que ofrezco un fragmento y un vídeo con la narración:

Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.
  
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Ejercicio propuesto: La COMPARACIÓN
Podemos verla como recurso literario, pero también en los grados del adjetivo.

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