lunes, 31 de agosto de 2015

"Dar la campanada"

"Da una sola campanada, pero que sea sonada" (Dar la campanada)


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Era y es aún costumbre , aunque ya en más contadas ocasiones, escuchar en los pueblos que disfrutan de ermita o iglesia con campanario el repicar de las campanas .
Eran éstas herramienta común para anuncio de eventos cotidianos, como las horas, misas, bodas, bautizos, entierros... y extraordinarias como un incendio o catástrofe, que convocaban a los vecinos. Por ello, cada anuncio tenía su propio repique o canción.
Tradición indiscutible relacionada con esto, de todos conocida y complemento imprescindible en las fiestas navideñas,  es el rito de las campanadas que anuncian la llegada del Nuevo Año.

  Pues bien, al igual que las campanadas anunciaban algo importante para la comunidad, una persona puede "dar la campanada" y sorprender a propios y extraños, pues normalmente esta frase se utiliza para indicar que alguien ha hecho -o pronosticar que va a hacer- algo importante produciendo admiración, escándalo o sorpresa.

  No es fácil en la vida cotidiana que suene un campanazo figurado, pero oímos y leemos la frase muy a menudo, sobre todo en los medios periodísticos comentando  hazañas deportivas o sorpresas de las celebridades. Por ejemplo, dieron la campanada los periodistas de Washington Post con el caso Watergate o el actual escándalo del "News of the World", aunque también se use para hechos algo menos significativos: Por cuarta vez, Mark Cavendish da la campanada en la 15ª etapa del Tour... 
  Hay campanadas... y campanadas; de ahí que el refranero nos aconseje que si la damos, sea de verdad, que suene.
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"Más vale refrán en mano... (De abuelos a nietos)"  http://blog.mariannavarro.net/refranes/de.abuelos.a.nietos.html
 


Aprovecho la ocasión para traer aquí un fragmento de José Martínez Ruíz, Azorín, sobre las campanas. Seguro que os mueve a leerlo completo:

 

..Unas campanas me despiertan; son tres campanas; dos hacen un tan, tan sonoro y ruidoso, y la tercera, como sobrecogida, temerosa, canta, por bajo de este acompañamiento, una melodía larga, suave, melancólica. Cervantes oiría entre sueños, todas las madrugadas, como yo ahora, estas campanas melodiosas. Aún es de noche; todavía la luz del alba no clarea en las rendijas de la puerta y de la ventana. Y me torno a dormir. Y luego las mismas campanas, el mismo acompañamiento clamoroso y la misma melopea suave me torna a despertar. Ya la luz del nuevo día pinta rayas y puntos vivos en las maderas de las puertas. Unas palomas ronronean en el piso de arriba y andan con golpes menuditos sobre el techo; los gorriones pían furiosos; silba un mirlo a lo lejos... El campo está verde; en la lejanía, cuando he abierto la ventana, veo una casa blanca, nítida, perdida en la llanura; cerca, a la izquierda, un vetusto caserón, uno de esos típicos caserones manchegos, cerrados siempre, que muestra sus tres balcones viejos, con las maderas despintadas, misteriosas, inquietadoras.
 
JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ, AZORÍN, “La novia de Cervantes”, II. En "Los pueblos"

Ejercicios propuestos: Seguro que resulta curioso relacionar costumbres, festejos y hábitos con las campanadas y sus distintos "sones". De esta manera, ampliamos el vocabulario y el conocimiento sobre las tradiciones españolas. Por ejemplo: ¿Qué era -y es- la "llamada a rebato"?

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