jueves, 19 de noviembre de 2015

" El que espera, desespera "

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- ¿Aún no han llegado? ¡Pues sí que tardan! -exclamó mi padre, ya desesperado.

Esperando algo (en este caso, la llegada a casa de mi hermana y familia tras unos días de viaje), y ante la lentitud con la que parece transcurrir el tiempo, este refrán sirve para concluir y resumir lo que la incertidumbre de la espera conlleva.

Y es que ninguno nos hemos librado de esta sensación de que el tiempo varía su ritmo, se alarga o se encoge según la situación por la que atravesemos. Por lo que pasa velozmente cuando disfrutamos y, al contrario, parece detenerse en los momentos de tribulación, de preocupación. Cuando se espera algo con ansia, en fin, si no llega pronto puede llegar a alterarnos.
"Más vale refrán en mano... (De abuelos a nietos)"  http://blog.mariannavarro.net/refranes/de.abuelos.a.nietos.html
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 Ha bastado un prefijo, el des-, para cambiar completamente el sentido de la palabra "espera", y darle uno nuevo:
Mientras la espera significa tener esperanza (provienen de la misma raíz) de que ha de suceder algo, el tiempo que falta para que obtengamos lo que hemos ido a buscar o para que consigamos lo que deseamos (lista de espera o estar a la espera); desesperar es impacientarse, dudar, dejar de confiar y llenarse de temores.
Son muchas las palabras del vocabulario español que se han creado a partir de ese "des-", antónimos del original: desconfiar, deshacer, desmontar, deshabilitar, desconocer...
Nunca insistiremos lo suficiente, pues, en la importancia de estos pequeños morfemas, los prefijos, para el enriquecimiento de nuestro vocabulario. Ver: prefijos griegos y prefijos latinos
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