domingo, 5 de junio de 2016

Irse de picos pardos

 

Comienzo presentándoos la imagen que tenéis a vuestra izquierda:

- Sres. picos pardos, les presento al lector... y viceversa.

¿Lo esperabais? Me extraña que se me haya pedido esta definición, pues está ampliamente divulgada (aunque copiada una y otra vez) en este amplio batiburrillo de información que es el Internet de nuestros amores.

Pues sí, los famosos "picos pardos" son el remate de una prenda de vestir medieval, un jubón o chaleco para cubrir el torso de la mujer que practicaba el oficio más antiguo del mundo: la prostitución.

En fin, que el dicho que tan habitualmente usamos generalizando cuando alguien "se va de juerga o de parranda", comienza su andadura refiriéndose a los que gustaban de visitar prostíbulos, lupanares, casas de citas... o cualquiera de los nombres que se usaron y usan para los locales en los que se ejerce la prostitución.

Yendo un poco más allá en la profundización del tema (¿os habéis dado cuenta de lo que se aprende siguiendo el hilo para llegar al ovillo?) descubrimos que la prostitución es, efectivamente, el oficio más viejo del mundo, que hubo una prostitución sagrada practicada por hombres y mujeres para obtener beneficios con los que mantener el templo. Existía en zonas del Oriente cercano y de la cuenca del Mediterráneo, en algunas regiones de la India, donde las prostitutas, llamadas deva-dasis (siervas y esclavas de los dioses), eran cantoras y bailarinas y disfrutaban de particular instrucción. Las meretrices del culto, consideradas como mujeres sagradas, atestaban los patios de los templos y eran consideradas como transmisoras de las virtudes fecundativas. En los templos, como en Babilonia, no faltaban los prostitutos varones. También en Palestina y en Siria la prostitución era de carácter religioso, y éste es el motivo de la severa condenación de esta práctica, designada como "fornicación con los dioses extranjeros", en el Pentateuco (cf Dt 23,18; Lev 21,7.9.14) y en los profetas.(1)

No voy a entrar en disquisiciones morales que no tienen lugar aquí. Al fin y al cabo -para los que se rasguen las vestiduras- consiste en la tan actual "ley de la oferta y la demanda" por la que ningún negocio es rentable si no tiene clientes... Así que nos mantenemos en el terreno objetivo, hablando de las prendas de vestir que obligaban a llevar a las rameras (que se llaman así porque sus casas eran señaladas con ramos en la puerta), cortesanas (que ejercían su trabajo en o cerca de la corte), etc.

Ya Solón (en el 600 antes de Cristo) habla de las casas llamadas dicteria o burdeles; durante las guerras púnicas aparecen las meretrices (mujeres que ganaban con el oficio) que tenían que vestirse con una túnica corta de color oscuro que las distinguiera del resto de mujeres, las matronas. Acompañaban a los ejércitos. Es en el Renacimiento cuando se habla de las ya citadas "cortesanas" y durante la Revolución francesa, mujeres "galantes" adquirieron notable fama y notoriedad (madame Pompadour) que ejercían el amor libre indiscriminadamente y de forma habitual, aparentemente sin fines lucrativos (aunque no hubiera mejor situación que la de las damas "mantenidas"). En fin, "siempre ha habido clases" y aquí no iba a ser menos...

Pues bien, volviendo al caso, este jubón medieval se convirtió más tarde en una "saya" o sobrevestido ajustado a la cintura y abierto en cuatro partes o "picos" (el mismo Don Quijote, cuyas aventuras os traigo cada día, habla de una tal condesa Trifaldi, cuya falda iba adornada con tres picos, en lugar de los cuatro habituales) y con Carlos III, una tira o cintillo pardo que ribeteaba el bajo del vestido ondulando en forma de picos. Así que aquí tenéis la explicación.



Ejercicio propuesto:
  Ya que de prendas de ropa se trata, hablemos de ellas y de sus complementos y adornos:
Sayas, ribetes, lazos, cintas, puntillas, pasamanería, etc.

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