domingo, 20 de agosto de 2017

Quien algo quiere, algo le cuesta


Aunque esta expresión resulta muy sencilla de comprender, la traigo a propósito de otra que tengo por menos  conocida: "Se trata de un toma y daca".

Pues bien, las dos se refieren a que algo hay que dar ( trabajo, halagos, regalos, dedicación, paciencia, etc...) cuando se está luchando por conseguir algo, ya sea material o de satisfacción personal.



Como se decía también en "A Dios rogando y con el mazo dando", siempre requiere esfuerzo el llegar a la meta, y para ello hay muchos "toma y daca" ( =da acá), es decir, muchos acuerdos -comerciales o no (aunque en su origen se hable de su uso en el trueque en los mercados) - , en fin, muchos intercambios que hacer a lo largo del camino.



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Me parece un momento muy adecuado para aconsejar la lectura del "Confieso que he vivido", entrañable biografía de Pablo Neruda.



Estas memorias o recuerdos son intermitentes y a ratos olvidadizos porque así precisamente es la vida. La intermitencia del sueño nos permite sostener los días de trabajo. Muchos de mis recuerdos se han desdibujado al evocarlos, han devenido en polvo como un cristal irremediablemente herido.

Las memorias del memorialista no son las memorias del poeta. Aquél vivió tal vez menos, pero fotografió mucho más y nos recrea con la pulcritud de los detalles. Este nos entrega una galería de fantasmas sacudidos por el fuego y la sombra de su época.

Tal vez no viví en mí mismo; tal vez viví la vida de los otros.

De cuanto he dejado escrito en estas páginas se desprenderán siempre —como en las arboledas de otoño y como en el tiempo de las viñas—las hojas amarillas que van a morir y las uvas que revivirán en el vino sagrado.

Mi vida es una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta.


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