viernes, 16 de marzo de 2018

Sacar los pies del tiesto


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Se puede escuchar también como: "sacar los pies del plato".
 
¿Es que en un momento dado hubo la costumbre de plantar personas en tiestos (macetas), como si de geranios se tratasen? ¿O acaso era obligación mantener los pies en el plato, tal vez como norma de protocolo tras una gran comida, del mismo modo que algunos ponen los pies en la mesa para relajarse?

No, naturalmente, no se trata de eso.

La expresión viene de la popular y habitual cría de gallinas, y por tanto, de pollitos, en las casas de pueblo. Veréis:

Con el fin de asegurarse que los pollitos comiesen y tenerlos a todos juntos y controlados, se les colocaba en un recipiente plano y ancho de barro (tiesto o plato) de paredes no muy altas. El pollito que saliese de allí debía ser reincorporado (vuelto al redil) o corría el riesgo de perderse o morir de hambre.

De ahí que, en un afán proteccionista, quien "saca los pies del tiesto" es aquel que se excede, que atenta contra las normas establecidas, bien por rebeldía o por ignorancia.

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El hecho es que muchos de los que se atrevieron a sacar los pies del tiesto fueron luego los promotores de los grandes avances de la humanidad. Los encontramos en todas las ramas de la Historia. Un ejercicio estimulante, pues, sería recordar inventores y sus inventos en un ejercicio lingüístico destinado a ampliar el léxico habitual y el vocabulario científico que manejan nuestros estudiantes. Por ejemplo, Descartes y los ejes cartesianos..., Platón y el amor platónico, etc. 

jueves, 1 de marzo de 2018

Romper una lanza a su favor.

Desde la Edad Media (o antes, seguramente) era costumbre solucionar las diferencias en los torneos o duelos, en los que era Dios el árbitro y el que daba la razón a uno u otro haciendo que ganara.

Pues bien, en esos torneos medievales dos jinetes a caballo (caballeros) se enfrentaban a lanzazos. Ganaba el que tiraba del caballo a su adversario y, aunque no siempre se rompía la lanza, quedó la expresión para indicar que alguien está dispuesto a defender por todos los medios el honor o buena fama de sí mismo o de alguien que no pudiera presentarse al torneo por cualquier motivo.