jueves, 1 de marzo de 2018

Romper una lanza a su favor.

Desde la Edad Media (o antes, seguramente) era costumbre solucionar las diferencias en los torneos o duelos, en los que era Dios el árbitro y el que daba la razón a uno u otro haciendo que ganara.

Pues bien, en esos torneos medievales dos jinetes a caballo (caballeros) se enfrentaban a lanzazos. Ganaba el que tiraba del caballo a su adversario y, aunque no siempre se rompía la lanza, quedó la expresión para indicar que alguien está dispuesto a defender por todos los medios el honor o buena fama de sí mismo o de alguien que no pudiera presentarse al torneo por cualquier motivo.


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