miércoles, 18 de abril de 2018

Salir por peteneras


Los entendidos del cante flamenco saben distinguir perfectamente los distintos palos o tipos de canción, múltiples y variados que existen en el folklore andaluz y que van mucho más allá de los internacionalmente conocidos sevillanas, fandangos, o el cante hondo ( pronunciado cante jondo).

Pues bien, entre esos palos, la Petenera es un cante con copla de cuatro versos octosílabos que al ser cantada se convierten generalmente en seis, por repetición de uno de ellos y el añadido de otro ajeno a la copla. Cante difícil, de entonación pausada, solemne, emotiva y a veces sentenciosa, revestido siempre de leyenda y al que se le ha atribuido que para los gitanos ha tenido siempre "mal fario" (dar mala suerte o producir tristeza). Por ello los cantaores calés han evitado cantarla e incluso oírla.

¿Cuál fue el origen de la petenera?. Si ya el mundo del flamenco está compuesto por un entramado de mitos y leyendas, en el caso de este cante el misterio envuelve su raíz y parte de su desarrollo. Sebastián Estébanez Calderón en su "Fiesta en Triana" cita ciertas coplillas a quienes los aficionados llaman "perteneras" y dice que "son como seguidillas que van por el aire más vivo, pero la voz penetrante de la cantaora dábanles una melancolía inexplicable".
Oigamos un ejemplo:


En esta tradición se habla de su origen judío o de que era conocida ya por los sefardíes, que las conservan en su tradición. Por otro lado, hay quien cifra su origen en Petén, o lo personifica en una cantaora llamada así, que las popularizó. De ahí pasó a significar mujer peligrosa, perdición para los hombres (ver más información).

Dando cuenta de su actualidad, es mencionada por Serrat en su "guitarra del mesón que hoy suenas jotas, mañana peteneras"; y esta frase en su sentido textual, es citada por Joaquín Sabina en su tema "La casa por la ventana"

Pero, en lugar del Caribe,
Con su bachata, con sus palmeras,
La Madre Patria recibe
Al inmigrante por peteneras.

Resumiendo, sea cual sea su origen, concluimos que de ahí, del folklore popular andaluz, deriva la frase que hoy comentamos y que se utiliza cuando alguien cambia de conversación repentinamente para eludir una pregunta directa o salir de un apuro, formulando vaguedades que nada tienen que ver con el tema; o cuando alguien ha prometido algo y lo incumple o le "da largas" retrasándolo indefinidamente.

viernes, 6 de abril de 2018

"Secar los trapos al sol"


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No hace tanto, en tiempos de nuestras abuelas y bisabuelas, allá por los 40, cuando aún en muchos pueblos la única agua corriente era la del río, existían los lavaderos. Eran éstos lugares públicos que disponían de un canal o se construían en la misma orilla del río, con unas "pilas" con lebrillo(1) donde las mujeres podían arrodillarse para enjabonar, restregar sobre una piedra acanalada y enjuagar la ropa haciendo la colada.

Eran tiempos de las prendas de algodón y de tender o extender la ropa blanca para que secase al sol, el mejor blanqueador conocido.

A la vista de todos, pues, quedaba la ropa lavada, que aunque se secara finalmente en la casa de cada cual, debía ser escurrida para que disminuyera su peso y así ser más fácilmente transportada. Hacia el 1797 se inventó el lavadero en casa para no tener que ir al río, lo que facilitó otra expresión: lavar los trapos sucios en casa.

Hemos encontrado una estupenda exposición de cómo se realizaba este trabajo en alcozar.net, muy duro no sólo por el proceso de lavarla, sino por los materiales usados, como la sosa o la ceniza, que agrietaban y dañaban las manos de las lavanderas, que no sólo eran las amas de casa, sino mujeres que ejercían ese oficio para las familias más pudientes.

Por tanto, éste es el origen de expresiones como "sacar los trapos sucios" o la que hoy nos ocupa. ¿Su sentido? Pues habiendo perdido su significado original, queda como expresión que indica decir verdades en una discusión, poner las cartas sobre la mesa e desvelar hechos que intentan permanecer ocultos pero que son conocidos y expuestos en público, normalmente para desenmascarar alguna traición o hipocresía.

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(1) El lebrillo es un recipiente tradicional de barro vidriado o de metal,​ con forma de tronco de cono invertido y similar a un plato hondo o una fuente circular, pero de mayor tamaño por lo general, utilizado con fines culinarios, decorativos o de higiene personal y doméstica.
Se acompañaban de unas "tablas de lavar", normalmente de madera, que acabaron formando parte de la "pila" construída en cemento  en las terrazas de las casas ya con agua corriente de grifo.