lunes, 21 de mayo de 2018

Se le va el santo al cielo


Los profesores estamos más que acostumbrados al caso  de encontrarnos en mitad de una explicación más o menos ardua y al interrogar a los alumnos sobre cualquier punto para ver si ha quedado claro, hallar que el alumno en cuestión no sólo no sabe de qué se le está hablando, sino que a veces ni contesta por habérsele ido el santo al cielo.

Y es que si tenemos nombre, tenemos santo (por lo menos mientras se mantuvo la costumbre de elegir en la pila bautismal o en el registro civil, entre el amplio listado de nombres venerados por la iglesia) y ese santo, como corresponde, parece querer habitar regiones "etéreas" mejor que atender a la tantas veces cruda y aburrida realidad.

Se usa también en primera persona:
 "Se me ha ido el santo al cielo y ... no me acordé de la cita", o
                                                    "... y no sé lo que iba a decir".

En resumen: ese santo con tendencias a lo celestial que suele acompañar a los despistados ;)

Se trata, como se ve, de una imagen casi metafórica que adorna una realidad, lo que convierte el lenguaje popular en literario. Tenemos muchos ejemplos que hemos traído o traeremos aquí como "andar con pies de plomo"  "ir pisando huevos"... ¿Cuántos más se os ocurren o podemos traer a clase investigando un poquito?

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 La primera referencia que se me ha venido a la cabeza relacionando experiencias entre profesor y alumnos es la de una serie de TV que veía en mi adolescencia (hace años ya, pues) en la que un joven profesor de Literatura , alto y espigado, hacía algo más que enseñar. Lo siento: no he podido localizarla. Más cercana, y con el mismo argumento, la genial película protagonizada por Robin Williams "El Club de los poetas muertos", guión convertido en novela en el 1991 ( "Dead poets society". N.H.Kleinbaum) y algo más lejana, pero no menos actual, ya que al fin y al cabo consiste en los mismo: ganarse a los alumnos para poder cumplir su misión (y vocación) de enseñar: "Rebelión en las aulas" (1967) de Sidney Poitier.

jueves, 10 de mayo de 2018

Sarna con gusto, no pica


Sabiendo que la sarna es una enfermedad de la piel favorecida por la falta de higiene, que destaca  precisamente por la terrible picazón que produce al introducirse los ácaros bajo ella y, literalmente, excavar túneles para desovar, llama más la atención este dicho.
 
Y es que cuando una persona ha decidido hacer frente a todo "a pesar de los pesares" la sentencia  se utiliza como resumen para indicar que si bien alguien lo está pasando mal, no hará nada por remediarlo porque ésa ha sido su elección.
 
Y es que "sarna con gusto no pica, pero mortifica", o  "sarna con gusto no pica; y si pica, no mortifica" concluye algunas veces el refranero. 

Quiere decirse que la persona puede ser perfectamente conciente de que la suya no es la mejor de las situaciones, pero por orgullo, amor o simplemente por el "qué dirán" o por miedo (como pueda ser el caso de los maltratos) la persona en cuestión seguirá soportándolo estoicamente.
 
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Tenemos claros ejemplos en nuestra literatura renacentista y romántica, en la que los poetas, empeñados en poner su amor en damas inalcanzables (si eran casadas, mejor), sufrían inconsolables penas de amores.
 
Un ejemplo: el llanto de Salicio en la Égloga I de Garcilaso de la Vega "Salid sin duelo, lágrimas, corriendo"

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