domingo, 29 de julio de 2018

Ser un calandracas

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  En un principio quien esto escribe, que no utiliza esta frase hecha -todo hay que decirlo-, consideraba esta expresión coloquial como un término despectivo que se aplica a una persona de aspecto descuidado, atolondrada, jaleosa, amiga de los dimes y diretes.
 
De nuevo es mi hijo quien me pide investigarla y comparto con vosotros lo que he hallado:

Recurriendo una vez más a nuestro amigo el diccionario de la RAE , encontramos:
calandraca. 2. f. vulg. Mur. Conversación molesta y enfadosa.
calandraco, ca. 1. m. y f. Am. calandrajo (persona ridícula). 

Como vemos, no hay referencia al término como adjetivo, así que indagamos un poco más en qué es calandrajo.
(Quizá de calar, bajar, y andrajo; cf. gall. calandrario).
1. m. coloq. Pedazo de tela grande, rota y desgarrada, que cuelga del vestido.
2. m. coloq. Trapo viejo.
3. m. coloq. Persona ridícula y despreciable.
4. m. rur. Sal. Suposición, comentario, invención.


Y nos quedamos con la última acepción, que creemos la más adecuada a esa persona que es tildada de ser un calandracas cuando siempre anda con chismes, historias y cuentos supuestos o inventados para ser el centro de atención. 

Otros sentidos:
Para denominar a la persona o animal que está en los huesos, tan delgado que le cuelga la piel como un andrajo (de ahí andrajoso), es decir, como cuelga la tela en un vestido roto.

Son también calandracas , según regiones, las carrasperas (1), la zurraspa (2) , los gamusinos (3) y hasta unos gusanitos que se usan para pescar.
En el plano culinario, unos dulces de Toro (Zamora) y un almíbar colombiano.
Es una palabra, como veis, ampliamente extendida y de uso variado, muy probablemente traída de allende los mares desde América.

Y relacionándolo con la literatura, tenemos una obra de Nicolás Estévanez Murphy (1838-1914) militar y político español de quien se dice que colaboró en la instauración de la Primera República española, y que colaboró con Mateo Morral en el atentado contra los Reyes el día de su boda. Se trata esta obra, Calandraca; Resumen de la Historia de España, de una recopilación de sus artículos.

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(1) carraspera.- 2. f. coloq. Cierta aspereza de la garganta, que obliga a desembarazarla tosiendo.
(2) zurrapa.- 3. f. coloq. palomino ( mancha).
(3) gamusino.- 1. m. Animal imaginario, cuyo nombre se usa para dar bromas a los cazadores novatos.

martes, 3 de julio de 2018

Más feo que Pifio (Picio)



En "El Refranero General Español: parte recopilado, y parte compuesto" , obra de José Maria Sbarbi y Osuna, sacerdote andaluz (Cádiz, 1834- Madrid, 1910), filólogo y musicólogo, encontramos una referencia "de primera mano" sobre el personaje que nos ocupa, ya que el autor declara haberle conocido por referencia de personas cercanas al mismo.
Fue este tal Francisco Picio un zapatero de Alhendín (Granada), a quien, por motivos desconocidos, habían condenado a muerte en el periodo de la invasión napoleónica. Estando en capilla, en los momentos previos a su ejecución, le llegó la noticia de la concesión del indulto. Se dice que por la emoción ante la noticia (o tal vez por alguna enfermedad adquirida en prisión), la reacción anímica fue tan virulenta que perdió el pelo del cuerpo y unas pústulas deformaron su rostro, afeándolo de tal forma que nunca quiso quitarse en público el pañuelo que ocultaba en parte su deformidad (prenda, por otra parte, habitual entre los serranos andaluces), motivo por el que fue expulsado de Lanjarón, pueblo donde se había refugiado. Según se cuenta, murió en Granada capital a los 60 años de edad y la probada exageración andaluza lleva su fealdad al extremo de asegurar que el cura le dio la extremaunción con una caña.
Sea como fuere, su fealdad le dio la fama y la permanencia en la memoria de todos a través del refranero y su sentido es tan claro, que no requiere más explicación:
Algo que es muy, muy feo, es "más feo que Picio".

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Aparte de su uso habitual entre el pueblo llano, la comparación ha sido ampliamente utilizada en nuestra literatura, desde "El sombrero de tres picos" de Pedro Antonio de Alarcón, pasando por Galdós, Unamuno, los Álvarez Quintero y un largo etcétera. Encontramos aquí un detallado artículo firmado por Andrés Cárdenas y publicado por el periódico Ideal.
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