martes, 3 de julio de 2018

Más feo que Pifio (Picio)



En "El Refranero General Español: parte recopilado, y parte compuesto" , obra de José Maria Sbarbi y Osuna, sacerdote andaluz (Cádiz, 1834- Madrid, 1910), filólogo y musicólogo, encontramos una referencia "de primera mano" sobre el personaje que nos ocupa, ya que el autor declara haberle conocido por referencia de personas cercanas al mismo.
Fue este tal Francisco Picio un zapatero de Alhendín (Granada), a quien, por motivos desconocidos, habían condenado a muerte en el periodo de la invasión napoleónica. Estando en capilla, en los momentos previos a su ejecución, le llegó la noticia de la concesión del indulto. Se dice que por la emoción ante la noticia (o tal vez por alguna enfermedad adquirida en prisión), la reacción anímica fue tan virulenta que perdió el pelo del cuerpo y unas pústulas deformaron su rostro, afeándolo de tal forma que nunca quiso quitarse en público el pañuelo que ocultaba en parte su deformidad (prenda, por otra parte, habitual entre los serranos andaluces), motivo por el que fue expulsado de Lanjarón, pueblo donde se había refugiado. Según se cuenta, murió en Granada capital a los 60 años de edad y la probada exageración andaluza lleva su fealdad al extremo de asegurar que el cura le dio la extremaunción con una caña.
Sea como fuere, su fealdad le dio la fama y la permanencia en la memoria de todos a través del refranero y su sentido es tan claro, que no requiere más explicación:
Algo que es muy, muy feo, es "más feo que Picio".

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Aparte de su uso habitual entre el pueblo llano, la comparación ha sido ampliamente utilizada en nuestra literatura, desde "El sombrero de tres picos" de Pedro Antonio de Alarcón, pasando por Galdós, Unamuno, los Álvarez Quintero y un largo etcétera. Encontramos aquí un detallado artículo firmado por Andrés Cárdenas y publicado por el periódico Ideal.
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