jueves, 30 de agosto de 2018

Tirar los tejos


       "Tirando los tejos"
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Un tejo es un trozo de piedra caída del tejado (una teja rota), o cualquier piedra redondeada y plana utilizada para jugar.

Dentro del variado muestrario de juegos que la utilizan, destacaríamos por su antigüedad el Turmequé, juego tradicional colombiano que consiste en explotar, lanzando un disco de piedra o metal (de oro en su origen), el mayor número de mechas (sobres con pólvora) situados en el contorno de un círculo metálico.
Entre los juegos de adultos que aún vemos practicar en nuestros días, la petanca consiste también en el lanzamiento hacia un palo o un tejo situado en el centro de un círculo o figura geométrica, de bolas de piedra o discos, ganando el que más cerca sitúe las suyas, logrando alejar las de los contrarios. En su origen, los jugadores situaban unas monedas sobre dicho poste o palo, de manera que quien consiguiera derribarlas se quedaba con las que cayeran dentro del círculo. Os recordará, sin duda, al también muy conocido juego de la herradura.
Y entre los juegos de niños, la rayuela  (llamado de muchas otras formas según las zonas: tejo, avión, trúcamelo, charranca, mariola, truque o tuke, tranco, txingo, etc.) consiste en dibujar (con una tiza en la calle o líneas sobre la arena ) un recorrido que hay que salvar a la pata coja para recuperar el tejo, que se ha lanzado previamente.
Se trata, como vemos, de un juego comunitario en plena calle que convoca a un número variado de jugadores y espectadores y para gente de toda edad y sexo.
En otro tiempo, una de las formas de llamar la atención de algún espectador o espectadora consistía en  lanzar el tejo a sus pies, de manera que al ir a recogerlo se pudiera iniciar una mínima conversación para "romper el hielo" y así indicar que el lanzador (por tradición era normalmente el hombre el indicado para dar ese primer paso) estaba interesado por la chica en cuestión.
De ahí a pasar a significar el hecho de empezar a rondar a una futura novia, o declarar el interés de una persona hacia otra, fue solo un paso. De manera que cuando nos dicen que alguien "está tirando los tejos" entendemos todos que está haciendo proposiciones, dando los primeros pasos, conquistando  a quien le gusta.


martes, 21 de agosto de 2018

Tener agallas

 
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De todos es conocido el término "agallas" asociado a las aletas que protegen las branquias de los peces, es decir, su aparato respiratorio.

Sin embargo, pocos conocerán las agallas que observamos en la imagen: unas protuberancias que aparecen en los troncos de los árboles (en el roble, principalmente) producidas por enfermedad de la corteza.

Observando el parecido, no hay duda de que éste sea el motivo y origen de la expresión que atribuye valor (arrojo, ánimo, valentía) a un hombre (sexo masculino).
Aunque ahora se ve sustituido por frases mucho más explícitas que aluden directamente a los atributos masculinos, está claro que la metáfora tiene su gracia y resulta de lo más acertada :).

Solo queda indicar también que esta expresión, si bien se mantiene en muchos países sudamericanos, es sinónimo de codicia (agallá) en otros; y asimismo, indicar que el término "tener agallas" referido a una cosa o situación pasa a significar que es peliaguda, complicada.

No conviene confundirlo con el término "agallado", aplicado a una persona garbosa, elegante, ya que procede del "gallo".


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Personajes "con agallas" sin duda hay muchos en nuestra literatura, por lo que resulta difícil inclinarse hacia una obra u otra a la hora de aconsejar su lectura: desde los pícaros, pasando por Don Juan, los conquistadores, colonos, y héroes de todo tipo, son muchos los que podrían merecer esa atribución, pero hoy me decanto por una figura que, aunque mujer, sin duda cumple todos los requisitos. Me refiero a Sarah Avenzoar, personaje real y nieta del histórico médico Abu Marwan Avenzoar, que ejerció la medicina durante el siglo XII en el harén al que pertenecía. 
El relato, “La última noche”, de Francisco Gallardo (V Premio Ateneo de Novela Histórica), es un repaso a los conocimientos, vivencias y características de la época.
La ciencia médica de la época, “la edad de oro de la medicina de Al Ándalus y la más avanzada en mundo conocido”, llegó a influir incluso en la universidad europea de los siglos XVIII y XIX, explica Gallardo.

lunes, 13 de agosto de 2018

Ser un meapilas


 
Según nos dice el diccionario de la RAE sobre  la palabra meapilas , procede de la composición  mear y pila, y significa  1. m. santurrón.
 
Pero en realidad, y aunque se refiera a la pila bautismal o a los recipientes de piedra que en las iglesias contienen agua 'bendita', se aplica el calificativo a la persona hipócrita, servil, de aspecto y actos aparentemente intachables y que luego suele resultar traicionera.

¡Ni que meara agua bendita! podemos escuchar también, ante la actitud prepotente de algunos que parecen considerarse por encima de los demás.

Se trata, en fin, de un adjetivo despectivo, actualizado por el escritor Pérez Reverte en el fragmento que incluyo, motivo por el que lo he traído aquí.
 
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[...] Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del PePé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. [...]

[Extracto del artículo "Permitidme tutearos, imbéciles", en contra de la importancia cada vez menor y la ausencia cada vez mayor de asignaturas de Humanidades ( Literatura, Filosofía, Latín, Griego...) en nuestros centros educativos].