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viernes, 11 de enero de 2019

Uñas largas, con guantes de seda se tapan



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No, no se trata de estética ni de estilismo:  
Al igual que el gato esconde sus largas uñas entre sus almohadilladas patas, la persona puede ser agresiva bajo una suave y apacible apariencia.

Y es que tener las uñas largas, como garras, prestas a arañar al menor descuido u ocasión, puede disimularse de mil formas y pillar desprevenido a quien, confiando en las apariencias, en los guantes de seda, recibirá el ataque a traición.

En resumen, una vez más, como en ¡Fíate tú de las mosquitas muertas! o "Del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me libro yo", nuestra sabiduría heredada nos apercibe contra la hipocresía de las falsas apariencias.

Por otra parte, y dado que las uñas largas y los guantes de seda han solido ser entendidas como "armas de mujer", también podría tratarse de un aviso a los mujeriegos impenitentes, donjuanes de los que tanto estaba poblada nuestra sociedad.

Para terminar con otro silogismo que puede resumir lo que hemos visto: no hay que fiarse de las apariencias ;)

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Uno de los ejemplos históricos más relevantes acerca de una traición fue el resumido por la emotiva y concluyente frase: "¿Tú también, Bruto, hijo mío?", pronunciada, según Suetonio, por Julio César al descubrir a su protegido entre quienes le apuñalaban. Frase que aparece en la obra de William Shakespeare sobre este dictador.

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