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jueves, 26 de septiembre de 2019

Aun no ensillamos, y ya cabalgamos



  De nuevo un buen consejo de nuestra sabiduría popular: no "echar campanas al vuelo" antes de tiempo, ni contar con algo antes de haberlo preparado, porque puede ser que nunca lo veamos realizado.

Es bueno ser optimista porque ayuda a esforzarse por conseguir resultados; pero no es bueno fantasear a largo plazo sin asegurarse de ir paso a paso hacia la meta. 

Refrán con un sentido parecido es 'empezar la casa por el tejado'.

            .*.*.*.*.*.

Recordemos la famosa fábula de "La lechera" (Samaniego):
Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte:
—¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!

 Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre la ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz lechera,
y decía entre sí de esta manera:

—«Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodeen cantando el pío, pío.


 Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña, engordará sin tino;
Tanto, que puede ser
que yo consiga ver
 como se le arrastra la barriga.

Llevárelo al mercado;
sacaré de él sin duda buen dinero:
Compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campiña,
hasta el monte cercano a la cabaña».

Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera,
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
 ¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

 ¡Oh loca fantasía,
que palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría;
No sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna;
Que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte alguna cosa.

¡No anheles impaciente el bien futuro;
Mira que ni el presente está seguro!


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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Tener la pelota en su tejado

  En los añorados tiempos en que los niños y niñas podían jugar con la pelota en las calles, era frecuente que en un patadón o un lanzamiento fuerte el balón saliera disparado y aterrizase en una terraza o en el tejado (azotea) del vecino o vecina.

Dependía entonces del mejor o peor humor de la dueña o dueño de la casa el devolver el balón para que pudieran seguir jugando o tener que interrumpir el juego.

Pero siempre había opciones, diálogos, compromisos para conseguir que el juego prosiguiera o, en el peor de los casos, buscarse un aliado e incluso conseguir una nueva pelota.

Esta frase que hemos oído tan tristemente a menudo en estos días a ineptos que a pesar de seguir cobrando sus generosos sueldos no se los han ganado en absoluto, obligan a unas nuevas elecciones... ¡Qué importan los ciudadanos! ¡Qué importa el que se les haya encargado un trabajo que no son capaces de hacer! Como tienen la pelota en su tejado... es decir, como solo son 'los otros' los que tienen esa obligación, hemos visto una vez más un ridículo espectáculo que -seguro- tendrá su repercusión.

A un trabajador que no realiza su trabajo se le despide... ¿no? Pues, eso... Ninguno de nuestros líderes ha cumplido ¿no? Pues, eso...

Echar la culpa a la pelota en el tejado era en juegos de niños.

martes, 10 de septiembre de 2019

Cada oveja con su pareja


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Normalmente, al oír este refrán, se asocia la palabra "pareja" al sentido habitual con el que usamos la palabra, es decir, con la figura que elegimos como compañero-a para entrar en relación, formar una familia o convivir.

Pero la palabra "pareja" tiene también el significado de igual o semejante, por lo que en realidad lo que nos comunica es que cada persona debe ir y tratar con sus iguales.

Esta supuesta teoría parece fundamentar y apoyar la existencia de "clases" que no se deben mezclar... Nada más lejos  de su intención, creo, porque lo que nos viene a decir es que las relaciones humanas se basan en el intercambio, en dar y recibir; por lo que ya se trate de estatus económico, social, laboral o intelectual, siempre estará "fuera de lugar" lo mismo un ignorante que pretenda alternar con gente culta por pasar como uno de ellos, que alguien sin recursos pretendiendo alternar con gente rica.

Está claro que quien eso pretenda, está abocado al ridículo, al menosprecio y, probablemente, a la ruina.

Y viceversa: quien teniendo pasa por pobre, es avaro; y quien sabiendo pasa por ignorante, alguna intención oculta tiene.

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Los pocillos eran seis: dos rojos, dos negros, dos verdes, y además importados, irrompibles, modernos. Habían llegado como regalo de Enriqueta, en el último cumpleaños de Mariana, y desde ese día el comentario de cajón había sido que podía combinarse la taza de un color con el platillo de otro. "Negro con rojo queda fenomenal", había sido el consejo estético de Enriqueta. Pero Mariana, en un discreto rasgo de independencia, había decidido que cada pocillo sería usado con su plato del mismo color.

"Los pocillos". Benedetti


jueves, 5 de septiembre de 2019

Cada mochuelo a su olivo



 Se usa con el mismo sentido que el dicho de "Cada uno en su casa y Dios en la de todos", puesto que el mochuelo (ave rapaz de la familia de los búhos) suele habitar en los olivos, ya que vive de los insectos, roedores y pequeña fauna que habita el olivar.

Parece que la expresión viene de que cada trabajador tenía un olivo adjudicado para la faena de "varear" y desprender las aceitunas del árbol. 

De ahí viene el consejo: que cada uno debe atender a sus asuntos y saber cuál es su sitio.

También se suele utilizar al dar por terminada una reunión, indicando que cada quién puede regresar a su casa o tarea.

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¿Recordáis más expresiones que aconsejan no meterse en asunto de otros?