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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Tener la pelota en su tejado

  En los añorados tiempos en que los niños y niñas podían jugar con la pelota en las calles, era frecuente que en un patadón o un lanzamiento fuerte el balón saliera disparado y aterrizase en una terraza o en el tejado (azotea) del vecino o vecina.

Dependía entonces del mejor o peor humor de la dueña o dueño de la casa el devolver el balón para que pudieran seguir jugando o tener que interrumpir el juego.

Pero siempre había opciones, diálogos, compromisos para conseguir que el juego prosiguiera o, en el peor de los casos, buscarse un aliado e incluso conseguir una nueva pelota.

Esta frase que hemos oído tan tristemente a menudo en estos días a ineptos que a pesar de seguir cobrando sus generosos sueldos no se los han ganado en absoluto, obligan a unas nuevas elecciones... ¡Qué importan los ciudadanos! ¡Qué importa el que se les haya encargado un trabajo que no son capaces de hacer! Como tienen la pelota en su tejado... es decir, como solo son 'los otros' los que tienen esa obligación, hemos visto una vez más un ridículo espectáculo que -seguro- tendrá su repercusión.

A un trabajador que no realiza su trabajo se le despide... ¿no? Pues, eso... Ninguno de nuestros líderes ha cumplido ¿no? Pues, eso...

Echar la culpa a la pelota en el tejado era en juegos de niños.

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