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viernes, 7 de febrero de 2020

Cuando uno no quiere, dos no barajan



 O como se dice actualmente: "Si uno no quiere, dos no pelean".

En general, cuando hay que hallar un culpable en un asunto de dos, no se puede imputar al uno o al otro si la cosa sale mal. Puesto que, como decimos, es cosa de dos, la responsabilidad es también compartida.

No es que vayamos a negar que hay situaciones en las que una persona actúa obligada por diversos motivos y se ve ha visto forzada a hacerlo aun estando en contra de ello, pero también es cierto, y es lo que nos hace ver este refrán, que si uno no consiente, sean cuales sean los motivos, lo más probable es que el hecho no se produzca.

Seguramente el dicho se centra en algo tan corriente y habitual como pueda ser una disputa, pero no hay duda de que, como suele pasar normalmente en nuestro refranero, siempre habrá una situación general en la que pueda ser aplicado.

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Traemos a colación esta vez un fragmento de nuestro Quijote (¡cómo no!) y en concreto uno de los juicios que Sancho presidió como gobernador de la ínsula de Barataria.

Luego, acabado este pleito, entró en el juzgado una mujer asida fuertemente de un hombre vestido de ganadero rico, la cual venía dando grandes voces, diciendo:

-¡Justicia, señor gobernador, justicia, y si no la hallo en la tierra, la iré a buscar al cielo! Señor gobernador de mi ánima, este mal hombre me ha cogido en la mitad dese campo, y se ha aprovechado de mi cuerpo como si fuera trapo mal lavado, y, ¡desdichada de mí!, me ha llevado lo que yo tenía guardado más de veinte y tres años ha, defendiéndolo de moros y cristianos, de naturales y estranjeros; y yo, siempre dura como un alcornoque, conservándome entera como la salamanquesa en el fuego, o como la lana entre las zarzas, para que este buen hombre llegase ahora con sus manos limpias a manosearme.

-Aun eso está por averiguar: si tiene limpias o no las manos este galán-dijo Sancho.

Y, volviéndose al hombre, le dijo qué decía y respondía a la querella de aquella mujer. El cual, todo turbado, respondió:

-Señores, yo soy un pobre ganadero de ganado de cerda, y esta mañana salía deste lugar de vender, con perdón sea dicho, cuatro puercos, que me llevaron de alcabalas y socaliñas poco menos de lo que ellos valían; volvíame a mi aldea, topé en el camino a esta buena dueña, y el diablo, que todo lo añasca y todo lo cuece, hizo que yogásemos juntos; paguéle lo soficiente, y ella, mal contenta, asió de mí, y no me ha dejado hasta traerme a este puesto. Dice que la forcé, y miente, para el juramento que hago o pienso hacer; y ésta es toda la verdad, sin faltar meaja.

Entonces el gobernador le preguntó si traía consigo algún dinero en plata; él dijo que hasta veinte ducados tenía en el seno, en una bolsa de cuero. Mandó que la sacase y se la entregase, así como estaba, a la querellante; él lo hizo temblando; tomóla la mujer, y, haciendo mil zalemas a todos y rogando a Dios por la vida y salud del señor gobernador, que así miraba por las huérfanas menesterosas y doncellas; y con esto se salió del juzgado, llevando la bolsa asida con entrambas manos, aunque primero miró si era de plata la moneda que llevaba dentro.

Apenas salió, cuando Sancho dijo al ganadero, que ya se le saltaban las lágrimas, y los ojos y el corazón se iban tras su bolsa:

-Buen hombre, id tras aquella mujer y quitadle la bolsa, aunque no quiera, y volved aquí con ella.

Y no lo dijo a tonto ni a sordo, porque luego partió como un rayo y fue alo que se le mandaba. Todos los presentes estaban suspensos, esperando el fin de aquel pleito, y de allí a poco volvieron el hombre y la mujer más asidos y aferrados que la vez primera: ella la saya levantada y en el regazo puesta la bolsa, y el hombre pugnando por quitársela; mas no era posible, según la mujer la defendía, la cual daba voces diciendo:

-¡Justicia de Dios y del mundo! Mire vuestra merced, señor gobernador, la poca vergüenza y el poco temor deste desalmado, que, en mitad de poblado yen mitad de la calle, me ha querido quitar la bolsa que vuestra merced mandó darme.

-Y ¿háosla quitado? -preguntó el gobernador.

-¿Cómo quitar? -respondió la mujer-. Antes me dejara yo quitar la vida queme quiten la bolsa. ¡Bonita es la niña! ¡Otros gatos me han de echar a las barbas, que no este desventurado y asqueroso! ¡Tenazas y martillos, mazos y escoplos no serán bastantes a sacármela de las uñas, ni aun garras de leones: antes el ánima de en mitad en mitad de las carnes!

-Ella tiene razón -dijo el hombre-, y yo me doy por rendido y sin fuerzas, y confieso que las mías no son bastantes para quitársela, y déjola.

Entonces el gobernador dijo a la mujer:

-Mostrad, honrada y valiente, esa bolsa.

Ella se la dio luego, y el gobernador se la volvió al hombre, y dijo a la esforzada y no forzada:

-Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa le mostrárades, y aun la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hicieran fuerza. Andad con Dios, y mucho de enhoramala, y no paréis en toda esta ínsula ni en seis leguas a la redonda, so pena de doscientos azotes. ¡Andad luego digo, churrillera , desvergonzada y embaidora(1)!

Espantóse la mujer y fuese cabizbaja y mal contenta, y el gobernador dijo al hombre:

-Buen hombre, andad con Dios a vuestro lugar con vuestro dinero, y de aquí adelante, si no le queréis perder, procurad que no os venga en voluntad de yogar con nadie.

El hombre le dio las gracias lo peor que supo, y fuese, y los circunstantes quedaron admirados de nuevo de los juicios y sentencias de su nuevo gobernador. Todo lo cual, notado de su coronista, fue luego escrito al duque, que con gran deseo lo estaba esperando.
 

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(1).- Liante y embaucadora

domingo, 26 de enero de 2020

Cuando pitos, flautas; cuando flautas, pitos


Viene a significar que nunca se sabe cómo va a venir la suerte, que normalmente no suena acorde con la música del momento: Cuando se necesitan flautas suenan pitos, y viceversa.

Hay que tener en cuenta que no es la misma significación que "entre pitos y flautas" o "por pitos y flautas" que se refiere a: entre unas cosas y otras.

Entenderemos mejor el sentido con este poema de Luis de Gongora:

Da bienes Fortuna
Que no están escritos
cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.
¡Cuán diversas sendas
se suelen seguir
en el repartir
honras y haciendas!
A unos da encomiendas,(1)
a otros sambenitos.(2)
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

A veces despoja
de choza y apero
al mayor cabrero;
y a quien se le antoja
la cabra más coja
pare dos cabritos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

Porque en una aldea
un pobre mancebo
hurtó sólo un huevo,
al sol bambolea (1);
y otro se pasea
con cien mil delitos.
Cuando pitos flautas
cuando flautas pitos.

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(1)=  Cargos, títulos remunerados
(2)= como vimos en "colgar el sambenito"  es un insulto o estigma para siempre.
(3)= lo han ahorcado por ladrón.

domingo, 12 de enero de 2020

Cuando las ranas críen pelo



De todos es sabido que los batracios (ranas y sapos) no tienen pelo; por lo tanto, esta expresión se usa cuando algo es muy difícil o imposible que suceda.

Ej.: -Algún día seré rico.
 - Sí..., ¡cuando las ranas críen pelo!... 

Existen otras expresiones coloquiales como "cuando los pollos echen dientes", "cuando los cerdos (o los burros, elefantes o vacas) vuelen", y otras del mismo tipo extendidas por todo el mundo, que no parecen tener un origen concreto, salvo el de la tradición.

En resumen: no se espera que suceda NUNCA.