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jueves, 11 de junio de 2020

" Dar vela en (para) este entierro "



¡Hijo de mi alma!, si hubo meses con las amnistías o eso, que parecía nuestra casa la sucursal de la cárcel, que me gustaría saber a mí quién te dio vela para este entierro, qué olores, y el olor, pase, pero por ayudar a un preso, por si no lo sabías, te pueden detener, como lo oyes, por cómplice o como se llame, que Armando, cada vez que se lo decía, se hacía de cruces y con razón. (Miguel Delibes.- "Cinco horas con Mario")

Valga este fragmento para ejemplificar claramente el sentido de la expresión o "frase hecha" de hoy, en la que se indica a alguien que no ha sido invitado ni tiene derecho o autorización para inmiscuirse o participar en algún asunto. Es decir, se le está indicando que "se mete donde nadie le llama".

Viene esta expresión, como tantas otras, de tradiciones populares que aún se mantienen en distintas regiones españolas. ¿Recordáis las procesiones de Semana Santa y las filas de personas que portan cirios (velas) encendidos caminando en filas y acompañando a la imagen en todo su recorrido? (1) A nadie asombrará que comparemos éstas con las comitivas que acompañaban al difunto desde su casa hasta el cementerio, situado normalmente en las afueras, cuando el camino se solía hacer a pie.

El ritual de homenaje al difunto viene ya de la tradición judía y es bastante similar en las culturas religiosas que de ella proceden: homenaje al difunto y acompañamiento de los familiares en el velatorio, transporte del féretro a hombros hasta el carruaje o coche fúnebre (a veces, todo el camino hasta el cementerio), ceremonia de enterramiento en el cementerio y guardar el periodo de luto.

Todo ese ceremonial estaba ligado a las personas cercanas al difunto. Como fuera picaresca habitual entre quienes pretendieran aprovechar las comidas que acompañan normalmente a estas ceremonias, el intentar "colarse" en ellas... la familia daba una vela a cada uno de los participantes.

En el libro "Usos y costumbres funerarias en la Nueva España" se menciona un cargo eclesiástico (la Iglesia siempre atenta a todo), en 1669, llamado "empleo de entierro" y en 1770, "de entierro con la vela número ocho".

La vela encendida en cualquier clase de ceremonia, (incluyendo cumpleaños y la petición de un deseo antes de apagarlas), conlleva siempre un símbolo espiritual. Leemos:

No importa qué tendencia religiosa se practique, las velas siempre han estado presentes en templos, altares, palacios, etc.

*En las diferentes culturas han sido usadas como medio de comunicación con los dioses, teniendo el cuerpo de la vela (cera) como cuerpo físico del ser humano, el pabilo se refiere a la mente y la llama al espíritu.
*Las velas también han sido usadas para efectuar rituales tales como protección del hogar, atracción del ser amado, prosperidad, abundancia, salud, entre otros.
*Las normas de la Iglesia Católica insistían en el uso de velas de cera porque tenían la creencia de que las abejas tenían una bendición especial de Dios. Se ordenó que la misa se celebrara a la luz de velas de cera de abejas, aun durante el día, porque éstas representaban el gozo espiritual.

Todo, en fin, lleva a considerar como falta grave el pretender participar cuando "nadie te ha dado vela en este entierro"

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Y de nuevo nos hallamos ante una palabra, "vela", que adquiere sentido vario según cómo se la aplique.

Tenemos: "pasar la noche en vela", "la torre de la vela"(en arquitectura), "arriar velas", "estar a dos velas"...

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