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martes, 11 de agosto de 2020

"De aquellos polvos vienen estos lodos"



Sinónimo de suciedad, el polvo que se va acumulando en nuestros muebles consiste en partículas finas y volátiles que fácilmente se pueden quitar con solo pasar un trapo. Pero cuando ese polvo es en la calle donde se acumula, ( desgraciadamente pensamos que por ser de todos se puede manchar y estropear impunemente en lugar de cuidarla) sólo basta un poco de agua para convertirla en lodo, barro, y entonces resulta mucho más difícil de limpiar.

Por ello, nuestro refranero sentencia en este caso que si los hechos aparentemente simples y sin repercusiones notables se dejan pasar, pueden llegar a convertirse en grandes problemas.

Por ejemplo, sabemos por experiencia que todos los grandes desfalcos y estafas son resultado de la acumulación de pequeños fraudes y que en la educación, es mejor corregir la rama tierna que comienza a crecer torcida que después enderezar el árbol.

Goya tituló uno de sus caprichos "Aquellos polbos", retratando al acusado de brujería y hechicería (con el gorro del sambenito, del que ya hablaremos) en un juicio  de la Inquisición, por fabricar polvos que utilizaba en pociones para enamorados.

Aprovecho para aclarar que no tiene nada que ver, como he leído en algún foro, con el dicho actual de "echar un polvo", ya que éste está relacionado con la sentencia ya comentada: " Recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás".

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Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino
que mancha con su lengua cuanto lame.

Soy un triste instrumento del camino.
Soy una lengua dulcemente infame
a los pies que idolatro desplegada.

Como un nocturno buey de agua y barbecho
que quiere ser criatura idolatrada,
embisto a tus zapatos y a sus alrededores,

y hecho de alfombras y de besos hecho
tu talón que me injuria beso y siembro de flores.

Fragmento de: "Me llamo barro...". Miguel Hernández

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